Siento... la cabeza llena de algodón, mis ojos pesan.
Fue una semana terrible -que aún no termina-, pero el problema es que no he hecho casi nada.
Oh bien. Sí, estudié arduamente para los exámenes e intenté hacer todas las tareas -hasta aún estar a medianoche con el lápiz en mi mano-, pero mi cansancio no sólo es de actividad.
También es de mi ser persona.
Ésta semana me he portado egoísta. No he tenido ganas de ayudar a mamá, a papá, a mi hermano con las tareas. No he tenido ganas de ceder el asiento en el colectivo, de hablar con cortesía al profesor, de aguantar el extenso monólogo de la vida de la vice-directora o los largos y desgastantes debates entre mis compañeros.
He sido intolerante. También he tratado mal a los demás, me he victimizado y todos esos pecados morales que van agregando peso al lado de la balanza que acrecienta mi odio por mí.
¿Lo ven? Aún soy egoísta.
A pesar de todo, mi cabeza sigue latiendo. En todo el día, desde que me levanto, pienso en mi mullida cama y las increíbles ganas que tengo de ser arropada por su calidez inhumana que tan cómoda me hace sentir.
Sólo quiero quedarme completamente sola y hundirme en mis pensamientos, aunque resalten de nuevo lo peor de mí y me hagan llorar.
Quiero escuchar mis canciones y comer lo que yo quiero.
Quiero tener mis tiempos y hacer todo despacio.
Que todos dejen de gritar por un minuto.
Que todos dejen de enojarse por un segundo.
Que un día sea de paz y sólo paz... y no me acosen las preocupaciones de cortesía ni amabilidad. Ni eso de "habré hecho bien en...". Un día de paz en donde no cruce por mi mente el constante pensamiento de "no llegaré a ser nada nunca, de hecho no soy nada. No cambiaré el mundo, no tengo voz ni voto"
Esos pensamientos pesimistas que consumen mis energías alegres, mi ser alocado opacado por esa burda pintura negra espesa que aplasta mi espíritu dejando una persona patética, inútil, y vergonzosa. Incapaz de actuar por sí misma.
En vista de todo, ésto solamente es una reflexión sin conclusión. Sin sentido, una real pérdida de tiempo.
Pero, el mudo debe expresarse de alguna forma, si no moriría.
Tan real como que moriríamos si no pudiéramos comunicarnos.
Hay veces en la que no podemos hacerlo,sin embargo, porque estamos tan cansados de los mismo, más bien, desgastados y seguimos adelante porque no nos queda otra, porque la consciencia es implacable en asesinar el autoestima y nos deja siempre como los malos de la película.
No lo sé. Tal vez sólo me pasa a mí.
Tal vez, sólo soy yo.
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